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Mensajes al futuro 2da parte

Para los profesores y estudiantes del futuro desde el 2020: 

Raquel Saldivar (Madrid, 3 de junio) 

Querido futuro de la educación: 

Espero que seáis felices, que disfrutéis en las clases enseñando y aprendiendo. 

Espero que vosotros, profesores, améis vuestro trabajo y os encante preparar las clases porque sintáis pasión por lo que enseñáis. 

Espero que vosotros, alumnos, tengáis buena disposición y curiosidad por aprender. Espero que apreciéis la importancia de ese tiempo y tengáis un gran afán de conocimiento. 

Espero que las horas sean minutos y que el tiempo de clase sea fuente de grandes recuerdos para el futuro. 

Espero que la complicidad, la risa y el reto estén presentes en las aulas. 

Dentro de diez años, espero estar ahí para verlo, entre pupitres y pizarras, entre los alborotados pasillos, entre el ser humano. 

De 2020 para 2030. 


Eduardo Pérez Trejo (Cd Mx, 4 de junio)


Queridos Colegas, humanos o androides:

Si están leyendo este mensaje, significa que encontraron la “cápsula del tiempo” que un grupo de investigadores y académicos enterramos frente a lo que hasta inicios del 2020 era conocido como el Campus Central de Ciudad Universitaria, frente a Rectoría de la UNAM, y que ustedes –posiblemente- han de conocer como Centro de Investigaciones Epidemiológicas y Bienestar Planetario; nombre que adquirió al endurecer la pandemia del COVID-19.

No tuvimos tiempo de diseminar el contenido de la cápsula ni la información necesaria ya que la última nube contagiosa fue devastadora y sumergió en su totalidad a la Ciudad de México en pocas horas, por lo que tuvimos que resguardarnos de inmediato y enterramos en un lugar “visible” –y esperando que no esté sepultada por las capas contaminantes- a la cápsula junto con este mensaje.

Si ya encontraron la cura ¡Qué gran noticia! Y en caso contrario, les proporcionamos el antídoto para esta y todas las pandemias que surjan en el futuro, se llama “Esperanza, compasión y empatía”, y que nos hizo falta en 2020 para salir adelante…

¡Por favor, difundan y pongan en funcionamiento en todas las naciones!

 

Junio de 2020.


Aida Ostria Baltazar (Cd Mx, 4 de Junio)


Puedo asegurar que la enseñanza-aprendizaje sigue siendo mediada por docentes, de manera presencial; sin duda, la tecnología ha seguido su vertiginoso curso ¡sin dejar de sorprendernos!, especialmente a aquéllos que nacimos en el siglo pasado: nuevos dispositivos a los que, además de pedirles la hora, una pieza musical, las noticias del día, que compren por nosotros, y más; los teléfonos celulares con funciones, inimaginables hoy, para socializar o pagar cuentas o resolver cuestionarios o mirar al mundo o…¡todo se habrá transformado y automatizado!, excepto la relación pedagógica, porque el saber se ha transmitido en el intercambio de seres humanos, y es así como ha cobrado sentido, en el contacto con los otros.


Fedra Freijo Becchero  (Buenos Aires, 4 de junio)


"TODA LA EDUCACIÓN ES UNA LARGA OBRA DE AMOR A LOS QUE APRENDEN"

Si bien está es una frase que tiene más de 100 años, el 21 de junio serán exactamente 102 años, creo que es un concepto tan fuerte que atravesará todas las épocas. Esta frase forma parte del Manifiesto Liminar escrito por los estudiantes de la Reforma Universitaria en Córdoba (Argentina) en 1918. 

Es por un lado un texto escrito por estudiantes y dirigido a sus docentes, pidiendo un tipo de enseñanza (compleja y profunda) podríamos decir de corte humanista. Y eligen esa palabra: amor. No hablan de un amor romántico, sino de un amor compartido hacia un objeto: el conocimiento.

Docentes (que nunca dejamos de ser estudiantes) y estudiantes; compartimos ese amor al conocimiento. Y es gran parte del trabajo del docente tomar ese objeto, el conocimiento, que tanto esfuerzo le ha llevado construir para exponerlo ante sus estudiantes,  armarlo y  desarmarlo en cada clase y con cada pregunta. Ofrecer algo amado que necesariamente va a salir transformado de ese encuentro con el otro. Sin duda es un trabajo de reflexión complejo el que impone este trabajo y el que estos estudiantes piden con esta frase. Pero muy enriquecedor.

Creo que podrán cambiar las tecnologías, las modalidades de dictado, el perfil de los docentes y los estudiantes en el futuro; pero sin esa base de amor no hay enseñanza posible. En palabras de esos mismo estudiantes:  "Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda".


Ana Luz Delgado Izazola (Cd Mx, 4 de junio)

Hola profesores y estudiantes del 2030,

Tal vez hoy día se haya modificado aún más el proceso de enseñanza-aprendizaje.  Cuando yo cursé mi educación básica, media y parte de la superior las clases eran presenciales y en el aula el profesor era la figura preponderante, yo diría la única figura que actuaba.  Como estudiante eras pasivo y si actuabas, tenías que hacer todo lo que el profesor te dijera y para hacer cualquier cosa o entrar y salir del salón había que solicitar el permiso del maestro.

Posteriormente, hacia el año digamos 2000, las cosas habían cambiando el profesor pasó de ser el hombre orquesta a un guía que conducía a sus alumnos por el camino más sencillo y más corto hacia la meta.  Los alumnos interactuaban entre ellos y con el profesor y había más libertad dentro de las aulas.

Más tarde, alrededor del año 2010, los profesores empezaron a apoyar la enseñanza con audiovisuales, películas, videos, etc. y con sitios en Internet para hacer la clase más agradable, más dinámica y motivar a los alumnos, pero un gran número de las clases seguían siendo presenciales aunque ya habían muchos cursos y hasta programas de licenciatura y posgrado en línea.

Hacía el año 2020 surgió una terrible pandemia causada por un virus el Covid-19 y hubo necesidad de cerrar las instituciones educativas y todas las clases se dieron en línea desde el preescolar hasta los posgrados donde, a pesar de que había interacción entre los alumnos y con el maestro, todo cambió, nos volvimos cibernéticos, y las relaciones sociales se redujeron así como los vínculos que se podían formar en las aulas,  así es que si ustedes hoy tienen la oportunidad de recibir o seleccionar clases presenciales, no duden en hacerlo ya que es una gran oportunidad de convivir con tus compañeros y tus maestros y formar una gran y maravillosa comunidad, yo diría más bien una preciosa familia.  

¡Así es que aprovechen esa maravillosa oportunidad porque nunca se sabe que es lo que nos pueda deparar el futuro!

Los abrazo con cariño,


Arturo Ramírez Hernández (Cd Mx, 4 de junio)

Ser profesor no es fácil, siempre habrá en nosotros retos, desafíos y muchas emociones. Ser profesor durante esta pandemia sin duda no es difícil, sin embargo hay muchos aprendizajes que se pueden tener gracias a esta contingencia. El primero es que es importante ser flexibles con uno mismo y con los otros; ante todo debemos tener salud emocional y salud física, porque gracias a ello podemos dar lo mejor de nosotros tanto en nuestro trabajo, como en nuestras relaciones interpersonales. Segundo la educación es un elemento vivo, es algo que nos enseña desde la práctica y desde la teoría, podemos aprovechar las emociones para dejar una marca en nuestros alumnos y podemos apoyar a otros a brillar con una luz propia. Y finalmente, es importante recordar que todo lo que sucede en el pasado es un aprendizaje en el futuro. Creo que me tocó vivir un momento crucial para ser profesor y me doy cuenta que todo lo que soy en este momento me está permitiendo recomponerme para seguir adelante, tal vez no todos los días he tenido mi sonrisa característica, pero sí tengo el espíritu en alto.



Ethel Bedolla Garduño (Cd Mx, 4 de junio)

Y la naturaleza dijo: ¡Ya Basta!

En el año 2020 en el planeta Tierra, había una población que tenía las siguientes dos características.

El uso de tecnologías digitales que ciertamente hicieron que el flujo de información –texto, audio e imagen- fuera vertiginoso y abundante; casi inconmensurable, dirían algunos. Ello era posible gracias a la Internet. Sin duda uno de los inventos más revolucionarios que hasta el momento había producido la humanidad. A este proceso se le llamó Globalización, dada la interconexión del mundo. Lo cual es parcialmente cierto, pues desde que se inventó la brújula en el siglo IX el mundo se conectó. La diferencia fundamental era la velocidad, pues en el siglo XXI, la conexión era casi instantánea.  


Este avance tecnológico, sin lugar a dudas, revolucionario, provocó que un número importante de seres humanos de ese tiempo se sintiera omnipotente y omnipresente, agrediendo de manera constante y salvaje a la naturaleza (tala de árboles, tiraderos de comida, daño al medio ambiente, contaminación de ríos; principalmente). Las aplicaciones de la Internet eran variados. Los cambios estaban a la orden del día, en el diseño, las funciones, las marcas. Parecía una carrera sin fin, donde se privilegiaba el consumo y la acumulación.

 

El consumo indiscriminado e irracional y las más de las veces superfluo de esta innovación tecnológica, provocó una falsa e ilusoria sensación de supremacía del género humano. Soberbia, para decirlo en términos llanos.

Para muchos, sobre todo las élites políticas y económicas, el mundo, por fin, estaba absolutamente bajo su control.

Aunque no es posible afirmar que toda la población mantenía este comportamiento y actitudes, si te puedo contar que eran mayoría quienes estaban en esa lógica de pensamiento y acción.

 

La segunda característica del habitante del año 2020- fue que la naturaleza nos pasó factura.

 

Y dijo ¡Basta!

El 31 de diciembre de 2019 apareció en China un virus, denominado coronavirus 19, responsable de provocar la enfermedad que se conoció como COVID19.

 

Este evento biológico, natural, puso contra las cuerdas a la humanidad toda, pues:

a) no se conocía, por tanto, no había tratamiento, ni tecnología digital, que hiciera frente al deterioro en la salud de las personas que albergaban en su cuerpo el virus. Sus ataques al sistema inmunológico fueron devastadores: el tiempo de vida de una persona con COVID19 era inimaginablemente terrorífico, porque habría que agregar que esta población tan instalada cómodamente detrás de un ordenador o un dispositivo móvil,  era sedentaria y muchos padecían diabetes e hipertensión arterial, enfermedades crónicas que les colocaban como personas de alto riesgo.

b) La interconexión del mundo no solo era de ideas, sino, especialmente de personas. El ciudadano propio del siglo XXI se denominaba ciudadano del mundo. Por lo que su tránsito era relativamente cómodo y fácil. Y sí, también lo fue para el virus, pues su propagación -que curiosamente comenzó en el origen de la brújula (China)- fue prácticamente instantánea. Cada día desde enero de 2019, comenzaron a circular noticias (recuerda que la Internet, posibilita el acceso a información casi al mismo tiempo en que suceden los eventos), de cómo avanzaba del Este al Oeste del planeta Tierra, el virus, trayendo consigo muerte.

c) El embate fue de tal magnitud que la mejor opción fue el aislamiento, la sana distancia, el confinamiento. Al parecer la única medida que podía salvar a la especie humana de tal desconocido virus era alejarse de sus semejantes. Una medida que si bien aminoró el impactó no necesariamente abono en su combate.

d) La indefensión del ser humano ante un embate de la naturaleza con estas magnitudes, provocó que a fuerza de no querer, los líderes económicos y políticos y la población toda hiciera una revisión de su forma de vida. El ser humano promedio buscó alternativas para seguir viviendo en comunidad sin estar en comunidad. Se magnificaron los usos creativos y humanitarios de las redes sociales digitales (así deben llamarse, pues redes sociales, siempre ha habido), se diseñaron emergentes políticas públicas para enfrentar la educación; se conminó a líderes empresariales a evitar que sus trabajadores se pusieran en riesgo (no todos lo hicieron, obviamente).

Al tiempo en que te escribo, habían muerto en el mundo 375 mil 555 personas; también se habían contabilizado más de 6 millones 279 mil 390 contagios, de 196 países o territorios, que contrajeron la enfermedad. Cabe mencionar que en mi país –México- llevamos prácticamente tres meses en este aislamiento.

 

Moraleja

Mientras el ser humano como género no tenga conciencia que es parte de la naturaleza y no una absurda raza superior, que no hay tecnología por muy avanzada que sea que valga UNA vida humana, que lo más valioso que tiene es el milagro de la vida misma, la naturaleza tan Sabia que es, seguirá confrontándonos con nuevos retos, para los que los ismos (capitalismo, consumismo), no tienen respuesta.

Deseo desde el fondo de mi corazón que tu mundo sea mejor; que interactuar con otro ser humano sea un gozo y no un intento por someter, engañar, vilipendiar al distinto, al diferente; que seas libre de mirar el cielo, el sol, sin tener que cuidarte de  la cercanía física de otro que es tan humano como tu. 

 



Claudia Delgado López (CdMx, 4 de junio)

Estimados alumnos y profesores

Me invitaron a participar para dejarles un mensaje. Comenzaré diciendo que me tocó vivir la pandemia de COVID-19. No les negaré que fue muy difícil y doloroso para muchos de nosotros. 

Estuvimos aislados varios meses sin querer salir de casa, no pudimos regresar a despedirnos de una generación que salía de 6° semestre, los salones de clase  eran la sala y recámara, fue complicado planear las clases en línea por el desconocimiento de las aplicaciones, los alumnos estaban muy desmotivados, con miedo, fueron tiempos de mucha incertidumbre. Unos días estábamos enojados, otros tristes, otros desmotivados, otros felices porque teníamos muchos días en casa sin tener que salir al tráfico, transporte público, comer en la calle, despertar muy temprano y dormirnos muy tarde todos los días. 

Nuestros hijos estaban muy enojados por tener que estar sentados frente a una PC más de 6 horas al día tomando clases aburridas, no podían correr con sus amigos en el patio de la escuela. La red de la portería era el respaldo del sillón, no había su chancha enorme del deportivo y tuvieron que suspender un torneo que ya estaba casi ganado.

Vivíamos con el miedo a que algún ser querido enfermara, temíamos por nuestros abuelos y perdimos a varios maestros queridos.

A pesar de todo esto, encontramos muchas cosas que no sabíamos que teníamos, un hogar de resguardo seguro y acogedor, comida prepara día a día, comíamos tres veces al día en familia, vimos muchas series juntos, estuvimos más cerca que nunca de nuestros hijos y continuamos trabajando desde casa en las plataformas que nos acercaban.

Las clases no pararon, ni los mensajes de apoyo y solidaridad en las redes sociales para los que estaban en la lucha directa en hospitales, mercados, transporte, entre otros. 

Vivimos una rutina muy distinta y nos vimos obligados a re-pensar nuestras acciones, el cuidado por nosotros y los demás, encontramos emociones guardadas y nos dispusimos a trabajar en ellas para que fueran ahora parte de nuestra "nueva normalidad".

Finalmente decirles que aprendimos a ser resilientes, solidarios, empáticos, a adaptarnos. a la "nueva normalidad" y nos dimos cuenta de que el ser humano es capas de hacer muchas cosas en cualquier situación por complicada que parezca.

Saludos


Eduardo Giordanino (Buenos Aires, 5 de junio)

Estimados amigos profesores y estudiantes del futuro:

En este presente que para ustedes es el pasado (y para mí el futuro), los ciudadanos del mundo debimos reaprender todo. Desde cómo hacer compras en el mercado, cómo lavarnos las manos, cómo caminar por la calle, cómo poder hacer ejercicio, cómo vernos con nuestros familiares cercanos a larga distancia... y un montón de situaciones disruptivas.

La crisis que vivimos por el COVID19 sirvió para que los gobiernos y personas advirtieran el maltrato a las personas, y las condiciones inhumanas que se habían naturalizado, siendo invisibles para muchos.

Enumero algunas: 

  • la hipocresía de una sociedad que aceptaba que los ídolos del deporte (o de la televisión, o del modelaje, o del mercado) fueran multimillonarios mientras los maestros de primaria y los profesores de secundaria y universidad, y el personal de salud, cobraran sueldos magros; 
  • el maltrato a los ancianos que durante veinte o treinta años hicieron fila en los bancos para cobrar sus jubilaciones, a horas de la madrugada en condiciones de frío o en horas de la mañana con mucho calor, condiciones que de repente por el COVID19 fueron vistas como injustas o inhumanas... (es decir que no había ojos, o cristales o anteojos, para ver lo que ocurría);
  • las condiciones insalubres en las megauniversidades de aulas atestadas de gente, imaginen en 2030 que sólo 11 años atrás, había aulas con más de 300 personas, pero no porque había asistido un premio nobel o era la última charla de un sabio anciano; sino porque había que llenar, "hacer número", y ya sabemos, los números no son personas... gracias al COVID19 llegó la racionalidad, la administración HUMANA para los humanos, más allá de delirios demagógicos y de políticas incorrectas que impedían el verdadero pensamiento crítico, por generar mitos imposibles de analizar en aras de lo supuestamente "políticamente incorrecto";
  • en los trabajos y oficinas, se planteó por fin la idea del trabajo por resultados, cuando meses antes la preocupación era que los empleados cumplieran un horario y estuvieran presentes (controlados por biometría, por ejemplo). El delirio de las administraciones irracionales, basadas en los peores aspectos del maquinismo frío, debieron repensarse a la fuerza, considerando a las personas como personas y dejando el aspecto de máquinas, para los robots (que se parecen mucho a las personas). 

La irracionalidad que hacía aceptable numerosas situaciones injustas, fue analizada y sólo por estar frente a una situación límite --el COVID19--, esto obligó a replantear formas de vida. Del mismo modo que una situación límite como la muerte de un ser querido o un accidente, obliga a que la persona en su fuero íntimo replantee el sentido de su existencia; el COVID19 obligó a que los gobiernos piensen sobre las formas de viajar (en bus o en avión), sobre las formas de enseñar, sobre las formas de trabajar, en fin, sobre las formas de vivir. De nada sirven los billetes en el ataúd o en la bolsa crematoria.

El mundo en que ustedes están, es un poco más justo porque existió la obligación de replantearse todo, y reaprender todo. Desde cómo lavarse las manos (explicado en 12 instrucciones) a cómo generar buenas prácticas de convivencia en la relación mediada por pantallas.

Celebro que la crisis de la pandemia obligara a las personas y los gobiernos a pensar en un mundo más humano para todos. Me alegra que los profesores y estudiantes del futuro tengan mejores universidades. De la misma manera que se criticaba a las lecturas por obligación de la secundaria, pero luego alguien recordaba que gracias a eso, había conocido a Borges o Cervantes, las condiciones de vida alteradas por el COVID19 nos obligaron a replantearnos formas de vida más humanas.

Espero que recuerden de dónde vienen, desde este pasado que logró generar nuevas y mejores buenas prácticas para vivir, enseñar y aprender, que eso es vivir, saber quiénes somos; de dónde venimos (mejor dicho, saber de dónde, y cómo y por qué así venimos), saber dónde estamos e imaginar dónde vamos. Construirnos en el presente como buenas y mejores personas, aunque provengamos de un pasado malo, nuestro futuro será bueno. El futuro de ustedes. Me alegro porque ustedes están allí, profesores y estudiantes, todos aprendiendo a vivir mejor. 

   

Keisy Dalla Bautista Ureña (Quindio, Colombia, 8 de junio)

      A mis queridos estudiante, los profesores del futuro.

 

Les escribo hoy, mis apreciados estudiantes, porque no importa repetir lo que hemos abordado en clase. Creo que serán grandes maestros, porque son grandes personas. Los contenidos, recordemos, van y vienen, y somos afortunados porque los tenemos al alcance de un click, pero eso que nos hace brillar como seres humanos se construye en equipo. Por eso, tengan siempre en mente que cada instante que pasa es valioso porque nos permite aprender de la vida, de las personas que están a nuestro alrededor, de quienes no están cerca, de quienes nos brindan un saludo cordial, una sonrisa o nos abrazan a través de un chat. No olviden reconocerse y reconocer al otro, y pregúntense siempre ¿qué profesor quieren ser?

Su profesora, Keisy B.


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